Para hablar de mí, me faltas tú.

Eres mi sonrisa nº

contador de visitas

Lo prohibido atrae.

Siempre habrá esa bruja disfrazada ofreciéndonos una manzana en una esquina, esperando que la cojamos y le demos ese bocado que será nuestra perdición. Siempre tendremos esa tentación que nos hace preguntarnos día tras día en que pasará si…? Tentación ante lo prohibido que hace que caigamos, si, caemos como moscas. Disfrutamos el haber caído, cada mordisquito, cada sensación que nos produce el salirnos de las normas. Pero no nos damos cuenta de todo lo que conlleva… Porque una vez terminamos de saborear esa manzana, de chuparnos los dedos de aquel sabor a dulce locura, nos damos cuenta de lo que hemos hecho. De ese pequeño error que no tiene vuelta atrás, que ni el mejor tipex consigue borrarlo. Acabamos lamentando lo ocurrido y con un sabor amargo a manzana con un toque de arrepentimiento en la garganta. Pero sin olvidarnos que tenemos un bol lleno de pequeñas tentaciones encima de la nevera para volver a caer, porque sencillamente,
 no aprendemos nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu reacción: